Salen tres amigos de una cantina de esas que huelen a miados porque el baño nunca funciona; uno de ellos más pedo que José José en sus buenos tiempos. Total, al borrachín este que andaba bien fumigado y todo orinado y guakareado, se le ocurre ir a un congal que porque andaba caliente y era soltero, pero no sé ni para qué, pues lo único que les iba a poder meter a las viejas en las condiciones en las que andaba, era un buen susto. Total, siguen chupando y oyendo covers de Lupillo Rivera en lo que van al antro. Llegan y el encargado les dice que nada más tiene dos viejas. Entonces, los dos amigos que andaban menos pedos (nivel Potrillo Fernández en el Mundial, pero no nivel José José depresivo), deciden agandallar a las viejas y le dicen al encargado del tugurio que a su amigo el pedote le den una muñeca inflable, que al cabo que ni cuenta se iba a dar de lo mamado que andaba. Y así estuvo la noche: sexo desenfrenado con prostitutas sin licencia sanitaria y una muñeca inflable.
Al día siguiente, se ven los mismo amigos en la misma cantina, a la misma hora y platican sus experiencias de la madrugada antrior. Presume el primero:
- N´ombre, a mí me tocó una rubia hermosa, parecía gringa la cabrona. Tenía unos cocotes más bellos que los de Sabrina.
Dice el segundo:
- A mí me tocó una morenota brasileña a la que no le entendía ni madres pero tenía unas nalgas que hasta la J.Lo hubiera envidiado. Bien buena la méndiga.
Y en eso dice el tercero, ése que andaba pedísimo y le dieron la muñeca inflable:
- N´ombe... a mí me toco una pinche bruja... -dice bien espantado.
- A chinga -le dicen los amigos- ¿cómo que una bruja?
Y responde el pobre infeliz:
- Sí, era una pinche bruja; porque cuando le mordí una chichi, que se suelta volando por todo el cuarto la cabrona.
FIN
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